- Vamos a ver una película para matar el aburrimiento.
- Está bien, vamos.
Y con unas cuantas palabras bonitas y acuarelas rosas del mundo de los enamorados, la condujo a su "cueva", a ser una víctima más de sus encantos y una más de su colección. Le faltaba la virgen, la puritana, la que nunca había tenido enamorado, la que recién estaba experimentando el amor. La que por error quiso jugar con fuego.
Meses atrás había estado allí, rodeada de esos posters que le daban un toque místico al lugar; aquel mismo saco de arena a la entrada de la habitación, aquella cama de dos plazas perfectamente tendida, aquel televisor con el gorro de arlequín con colores peruanos y por supuesto, aquel espejo. Por un momento se detuvo y miró su reflejo: una niña de 16 años que había cometido el grave error de enamorarse ciegamente de alguien mucho más experimentado que ella y que sólo la quería para pasar el rato.
La música comenzó a sonar y, brindando con un par de vasos plásticos llenos de vino y deseo, comenzó el principio del final de aquella historia. Se conocieron una noche, fue amor a primera vista o mejor dicho gusto a primera vista; conversaron un rato y después cada uno emprendió caminos distintos sin esperanzas de volverse a encontrar. Tiempo después la encontró, curiosamente en la misma esquina, intercambiaron números teléfonicos y al día siguiente fueron a ver una película. Le confesó que nunca había besado a nadie y él le sonrió. Los próximos meses se frecuentaron muy seguido; él se mostraba como todo un caballero, como ella lo describiría "un chico lindo" y ella, siempre dulce y tierna. La pareja ideal. Luego una noche de brisa fresca la llevó al mismo lugar donde ahora se encontraban; aquel escenario que fue testigo de su primer beso de amor, el más tierno y delicado que él hubiera dado en su vida.
El dios Baco los tomo entre sus brazos y dejo fluir el efecto de su creación más deliciosa. Ella sintió como de pronto el mundo se duplicaba, cierta pesadez en sus ojos y aquella hilaridad que te conduce a hacer locuras. Él, sencillamente se mantuvo inocuo ante los efectos del vino, dada su experimentada trayectoria, y aun así hubiese sido lo contrario, lo dismuló con total destreza. Después de unas cuantas piezas de baile compartidas, unas carcajadas y tonterías de dos locos amantes, el silencio se hizo notar en la habitación. Sus labios se entrelazaron y fue cuestión de segundos para que ambos cayeran víctimas del deseo y de la atracción de los polos opuestos. Caricias fue lo que nunca faltó y los besos y la curiosidad a flor de piel fueron cautivandólos poco a poco. Él hizo posibles sus más oscuros deseos, su mente retorcida fue ideando el plan perfecto de conquista y una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su rostro. Por fin sería suya.
- Está bien, vamos.
Y con unas cuantas palabras bonitas y acuarelas rosas del mundo de los enamorados, la condujo a su "cueva", a ser una víctima más de sus encantos y una más de su colección. Le faltaba la virgen, la puritana, la que nunca había tenido enamorado, la que recién estaba experimentando el amor. La que por error quiso jugar con fuego.
Meses atrás había estado allí, rodeada de esos posters que le daban un toque místico al lugar; aquel mismo saco de arena a la entrada de la habitación, aquella cama de dos plazas perfectamente tendida, aquel televisor con el gorro de arlequín con colores peruanos y por supuesto, aquel espejo. Por un momento se detuvo y miró su reflejo: una niña de 16 años que había cometido el grave error de enamorarse ciegamente de alguien mucho más experimentado que ella y que sólo la quería para pasar el rato.
La música comenzó a sonar y, brindando con un par de vasos plásticos llenos de vino y deseo, comenzó el principio del final de aquella historia. Se conocieron una noche, fue amor a primera vista o mejor dicho gusto a primera vista; conversaron un rato y después cada uno emprendió caminos distintos sin esperanzas de volverse a encontrar. Tiempo después la encontró, curiosamente en la misma esquina, intercambiaron números teléfonicos y al día siguiente fueron a ver una película. Le confesó que nunca había besado a nadie y él le sonrió. Los próximos meses se frecuentaron muy seguido; él se mostraba como todo un caballero, como ella lo describiría "un chico lindo" y ella, siempre dulce y tierna. La pareja ideal. Luego una noche de brisa fresca la llevó al mismo lugar donde ahora se encontraban; aquel escenario que fue testigo de su primer beso de amor, el más tierno y delicado que él hubiera dado en su vida.
El dios Baco los tomo entre sus brazos y dejo fluir el efecto de su creación más deliciosa. Ella sintió como de pronto el mundo se duplicaba, cierta pesadez en sus ojos y aquella hilaridad que te conduce a hacer locuras. Él, sencillamente se mantuvo inocuo ante los efectos del vino, dada su experimentada trayectoria, y aun así hubiese sido lo contrario, lo dismuló con total destreza. Después de unas cuantas piezas de baile compartidas, unas carcajadas y tonterías de dos locos amantes, el silencio se hizo notar en la habitación. Sus labios se entrelazaron y fue cuestión de segundos para que ambos cayeran víctimas del deseo y de la atracción de los polos opuestos. Caricias fue lo que nunca faltó y los besos y la curiosidad a flor de piel fueron cautivandólos poco a poco. Él hizo posibles sus más oscuros deseos, su mente retorcida fue ideando el plan perfecto de conquista y una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su rostro. Por fin sería suya.
Pero la justicia divina ciertamente existe y hay alguna extraña fuerza que a veces nos darnos cuenta del error en el momento y nos conduce a actuar con cordura. Ella pudo darse a cuenta a tiempo de que aquella situación sencillamente la dañaría más y que no valía la pena cambiar su paz interior por un momento de satisfacción carnal. La única señal que su cuerpo obedeció fue la de pronunciar un tenue y casi imperceptible "no". Luego pudo levantarse de la cama, coger su ropa y vestirse para salir huyendo antes que el arrepentimiento echara todo a perder. Él la observaba con asombro, impotencia y pena a la vez, y sin hacer nada para evitarlo, la vio marchar.
La vida separó sus caminos. Aquella niña tardó mucho en olvidar aquel amor frustrado del pasado. Tuvo un par de relaciones que no tuvieron frutos y llegó a la conclusión de que si no hacía algo pronto, se iba a volver loca. Dos años pasaron y el destino los volvió a juntar. Ella más madura y él, el mismo conquistador frustrado de siempre. Sin embargo las circunstancias no la favorecieron y el día que lo volvió a ver había abusado un poco del alcohol sin darse cuenta y cayó fácilmente en sus engaños, una vez más. En un estado de semi conciencia, el la llevó de nuevo a su "guarida", no sé sabe bajo que intención, pero ella accedió. Esta vez ella sintió asco. Se dio cuenta (¡al fin!), de la clase de hombre que verdaderamente era y los últimos bosquejos de aquel mágico recuerdo que la mantuvo aferrada a un sentimiento sin sentido por varios años, desaparecieron totalmente. Una vez más lo dejó "con las ganas", y con una sonrisa de alegría y alivio salió de aquel lugar, tomó un taxi y se dirigió hacia un futuro totalmente nuevo y prometedor.